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THE LORD IS NEAR 2020

 
17/01/2020

Friday



January



17



Then the disciples were glad when they saw the Lord.       

John 20:20

NKJV



Fixing Our Eyes on Christ



As a teenager I learned how to plow a field with a tractor and plow. As it was relatively easy, down the field I went, and along the way I saw the birds and other interesting things that caught my attention. Well, the results of my distractions were clearly evident in the crookedness of the furrow. I had wandered all over the place. So I was told, “Fix your eyes on an object in the distance and drive directly for that object without taking your eye from it.” The results were much better.



We read of various ones who saw the Lord Jesus and there was a change in their lives. In the above verse, the disciples, who were in fear and doubt, lost all that for gladness when they saw the Lord. The two disciples from Emmaus were transformed when they recognized the Lord before them

(Lk. 24:30-32)

. The religious man, Saul, became a new man when the Lord met him on the road to Damascus

(Acts 9)

. So it was with many others.



But we need to remember that looking to the Lord needs to be a constant thing. A glimpse is not enough. Yes, Peter was affected by the vision on the mount, but later He denied the Lord. Earlier he walked on the water towards the Lord Jesus, but when he removed his gaze from the Lord, he sank. From this we learn the necessity to fix our eyes on the Lord continually.



But how do we do that when we do not have the Lord physically present with us today? Thankfully, we have His Word that speaks of Him. We can have our heart fixed on Him as we read His Word, as we talk to Him in prayer, as we meditate on His wonderful life, the things He has done, the way He is. We have our hearts fixed on Him as we remember Him every Lord’s Day, when we take of the bread and the wine. It is as we are occupied with Him that our lives are transformed.



Albert Blok








17/01/2020

Viernes 17 Enero



Yo invoco a Dios por testigo sobre mi alma, que por ser indul- gente con vosotros no he pasado todavía a Corinto. No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo; porque por la fe estáis firmes. (2 Corintios 1:23-24)



Pablo no quería visitar a los corintios sólo para actuar dura y severa- mente a causa del pecado y el grave desorden que había entre ellos. Por lo tanto, esperó recibir noticias del efecto que había generado su primera carta. Deseaba ver mejorías. No es que asumía un dominio sobre la fe de ellos, sino que era más bien un «ayudador» , cuyo objetivo era librarlos de este mal estado y dar libre curso a su gozo. El capítulo concluye con las palabras: “por la fe estáis firmes”. Debemos tener esto muy en cuenta. Si, en cualquier asunto, él se hubiese enseñoreado sobre la fe de ellos, entonces esta firmeza que otorga la fe hubiese cesado. De haber sido así, hubiese bastado con ordenarles hacer ciertas cosas, sin duda que absolutamente correc- tas, y es probable que obedecieran, pero lo habrían hecho mecá- nicamente. No habrían obrado con fe, sino siguiendo una regla, y habrían adoptado sólo una cubierta exterior. Y un día se habrían derrumbado, escandalizando a todos. Hubiese sido como una choza en medio de la selva que se desploma repentinamente debido a que



sus pilares fueron devorados lentamente por las termitas.



A muchos cristianos les gustaría vivir apoyados en la fe de otros. Desean que alguien les diga que es lo que tienen que hacer; les gusta que alguien más haga el ejercicio y solucione el problema,



¡para que luego se les ordene cómo hacer lo correcto! Serán muy obedientes a lo que se les diga. Pero eso no funciona; por el contra- rio, acarrea resultados desastrosos. Por fe estamos firmes, no por la fe de otros. Si nos apoyamos en la fe de otra persona, caeremos. Además, no es bueno para aquellos en cuya fe se están afirmando, pues a pesar de su vigor, comienzan a amar la posición de autoridad sobre la fe de sus hermanos, y terminan convirtiéndose en peque- ños «papas». Lo cual, consecuentemente, termina en un desastre.



F. B. Hole