BELIEVERS BOOKSHELF CANADA INC.

THE LORD IS NEAR 2020

 
23/02/2020

Lord’s Day



February



23



Jesus spoke these words, lifted up His eyes to heaven, and said: “Father, the hour has come.”

       

John 17:1

NKJV



When Jesus had spoken these words, He went out with His disciples over the Brook Kidron.       

John 18:1

NKJV



The Brook Kidron (3)—The Prayer of Prayers



The momentous and solemn hour of the Lord’s passion had come. Shortly in Gethsemane He would pray, “Your will be done,” in agonizing contemplation of what lay before Him personally

(Mt. 26:42)

. But now, as He drew near to the Brook Kidron, before passing over it into the Garden of Gethsemane, Christ paused, and lifting up His eyes, uttered the most sublime of prayers, the “prayer of prayers.” The Lord had essentially

three



requests

on behalf of His own who were in the world:



Preservation:

He prays that they will be kept through the divine name, “Holy Father”

(17:11)

, and that they would be kept from the evil in the world

(v. 15)

. The word “keep” in these verses means to “preserve” or to “protect.” It is striking how much the world is before the Lord in this prayer: He mentions it nineteen times! The Holy Father is seen in contrast with an evil world, and it is He alone that can protect us from it.



Sanctification:



He prays for their sanctification. “Sanctify them by Your truth. Your word is truth”

(v. 17)

. Practical sanctification is through the Word applied by the Holy Spirit. We are sanctified with “the washing of the water by the word”

(Eph. 5:26)

. In a world that has rejected absolutes it is a necessity that our waist be girded “with truth”

(Eph. 6:14)

.



Glorification:

He prays that they will be given the glory that was given to Him

(v. 22)

. This prayer will be answered at the Lord’s coming: “We shall be like him, for we shall see Him as He is”

(1 Jn. 3:2)

. The Lord prays that they “may be with Me” and “that they may behold My glory”

(v. 24)

. This prayer at the Brook Kidron should fill us with hope and joy.



Brian Reynolds








23/02/2020

Día del Señor 23 Febrero

Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero...porque maldito por Dios es el colgado. (Deuteronomio 21:22-23) Tengo gran dolor y angustia incesante en mi corazón. Por- que soy capaz de desear el ser yo mismo anatema de Cristo, a causa de mis hermanos, mis parientes según la carne: los cuales son israelitas. (Romanos 9:2-4 VM) Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero). (Gálatas 3:13)

La instrucción de Dios en Deuteronomio 21:23 es antecedida por el mandamiento que habla acerca de lo que se debía hacer con un hijo contumaz y rebelde. Dios había instruido que, si había un hijo así, entonces sus padres debían testificar públicamente contra su hijo perverso ante los ancianos de su ciudad. Y luego todos los hombres de esa ciudad debían apedrearlo hasta la muerte. “Así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá, y temerá”, dijo Dios.

En Éxodo 32, cuando Israel pecó contra Dios en el asunto del bece- rro de oro, Dios estaba listo para consumirlos y hacer de Moisés una gran nación. Pero Moisés rogó por su pueblo, yendo hasta el punto de decir: “Te ruego…que perdones ahora su pecado…y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito”. Sin embargo, este gran líder tam- bién era pecador, así como su pueblo, y por lo tanto no podía tomar su lugar. De igual forma, el corazón del apóstol Pablo suspiraba por la salvación de su pueblo Israel, pero también era pecador, y por lo tanto no podía tomar su lugar bajo la maldición de Dios.

Desde el cielo, Dios testificó en variadas ocasiones acerca de nuestro Señor Jesús: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo com- placencia”. Sin embargo, Él, el Santo, fue hecho maldición por noso- tros, tomando nuestro lugar bajo la ira de Dios cuando estuvo cla- vado a la cruz. ¡Maravilloso Salvador!

Eugene P. Vedder, Jr.